El ballet en Panamá: una historia de disciplina, pasión y cultura

Cuando uno piensa en Panamá, probablemente lo primero que viene a la cabeza son las playas del Caribe, el Canal de Panamá, las selvas tropicales, los rascacielos de Ciudad de Panamá, el béisbol o la música caribeña. El ballet quizá no sea una de las primeras cosas que aparecen en la lista. Sin embargo, Panamá tiene una historia de ballet bastante interesante y, detrás de los grandes escenarios, existe una tradición que lleva más de medio siglo formando bailarines y llevando la danza panameña tanto al público local como a escenarios internacionales.

El protagonista principal de esta historia es el Ballet Nacional de Panamá, cuya primera presentación oficial tuvo lugar en agosto de 1972. La compañía nació bajo la dirección artística de Ludmila y Nikolai Morosov, profesores vinculados al Ballet Mariinski de Leningrado, y reunió a varias de las figuras más importantes de la danza panameña de aquella época, entre ellas Armando Villamil, Julio Araúz, Teresa Mann, Josefina Nicoletti, Joyce Vives, Ginela Vásquez y Haydée Méndez. Posteriormente, Nitzia Cucalón Martín se convirtió en la primera directora panameña de la compañía.

Lo interesante es que el ballet panameño no nació simplemente copiando una tradición europea. Desde sus primeros años recibió influencias internacionales muy diferentes. La compañía tuvo asesoramiento ruso, cubano y norteamericano, creando una mezcla de escuelas y técnicas que ayudó a formar la identidad del ballet profesional en Panamá. En otras palabras, detrás de lo que desde el público parece una disciplina perfectamente uniforme hay una historia bastante internacional.

Y entonces aparece uno de los nombres más famosos de toda la historia de la danza: Margot Fonteyn. En 1973, la legendaria bailarina británica participó en presentaciones de gala realizadas para beneficiar al Ballet Nacional de Panamá y continuó apoyando a la compañía durante toda su vida. Otra enorme figura de la danza internacional, la cubana Alicia Alonso, también brindó apoyo importante durante los primeros años.

La historia de Fonteyn tiene además una conexión particularmente interesante con Panamá. Gloria Barrios, una de las figuras históricas del Ballet Nacional, fue miembro fundadora de la compañía y posteriormente recibió apoyo de Fonteyn para estudiar en la Royal Ballet School de Londres. Barrios acabaría convirtiéndose en primera bailarina del Ballet Nacional y más tarde en su directora ejecutiva.

Esto ayuda a entender que el ballet en Panamá no es solamente una actividad artística para niños que quieren aprender a bailar. Alrededor de él se desarrolló una auténtica carrera profesional, con maestros, coreógrafos, fisioterapeutas, vestuaristas, músicos, técnicos, administradores y bailarines que dedican gran parte de sus vidas a la disciplina.

¿Qué se baila en Panamá?

El repertorio del Ballet Nacional es sorprendentemente amplio. Incluye grandes clásicos internacionales como Giselle, Don Quijote, Coppélia, La Bayadère, La Esmeralda, La Vivandière, La Péri y El Cascanueces, además de obras neoclásicas, contemporáneas y adaptaciones relacionadas con el folclore panameño.

Eso crea una combinación bastante curiosa. En una temporada puedes encontrar una historia europea del siglo XIX con vestidos, tutús y escenarios de fantasía, y en otra producción puedes encontrarte con movimientos, música y elementos visuales inspirados en las tradiciones panameñas.

Esta mezcla es importante porque permite que el ballet sea algo más que una reproducción de una tradición extranjera. Los clásicos internacionales forman una parte fundamental de la formación y del repertorio, pero los coreógrafos panameños también han desarrollado obras propias. Entre los nombres asociados con la creación coreográfica del Ballet Nacional aparecen Armando Villamil, Julio Araúz, Joyce Vives, Graciela Guillén, Alberto González, Diguar Sapi y Analida Galindo.

El ballet es mucho más difícil de lo que parece

Hay algo curioso cuando uno ve ballet desde una butaca. Todo parece fácil.

Una bailarina gira, salta, extiende una pierna y parece flotar durante unos segundos. Un bailarín levanta a su compañera y ambos mantienen una expresión perfectamente tranquila. Desde el público puede parecer casi sobrenaturalmente sencillo.

La realidad es completamente diferente.

Detrás de esos movimientos hay años de entrenamiento físico, repetición, fuerza, flexibilidad, equilibrio y coordinación. Los bailarines tienen que desarrollar músculos muy específicos y aprender a controlar prácticamente cada parte de su cuerpo. Y además deben hacerlo mientras mantienen una expresión facial que puede transmitir felicidad, tristeza, romance, tragedia o misterio.

Es una de las grandes trampas visuales del ballet: cuanto mejor lo hace el bailarín, menos esfuerzo parece estar haciendo.

La compañía panameña ha utilizado precisamente esa disciplina para formar generaciones de bailarines. Durante más de cinco décadas, numerosas figuras de la danza panameña han pasado por sus filas y han contribuido a mantener una tradición profesional que comenzó en 1972.

El Teatro Nacional y el ballet

El ballet también tiene una relación especial con el Teatro Nacional de Panamá, uno de los edificios culturales más importantes del país.

Para el espectador, sentarse en un teatro histórico y observar a un grupo de bailarines interpretar una obra clásica tiene algo casi cinematográfico. El escenario, los vestuarios, la iluminación, la música y la arquitectura crean una experiencia completamente diferente a la de ver una actuación en una pantalla.

El Teatro Nacional ha sido durante décadas uno de los escenarios fundamentales para las grandes producciones de danza en Panamá. La propia historia del Ballet Nacional está relacionada con este espacio y con otros teatros y lugares públicos del país.

Y el ballet no se limita necesariamente a las grandes salas. La compañía también ha realizado presentaciones en parques, giras por el interior del país, talleres y actividades de divulgación.

Una historia que también salió de Panamá

Los bailarines panameños no se han quedado únicamente en los escenarios nacionales. A lo largo de las décadas han participado en festivales, concursos y galas internacionales.

La compañía también ha trabajado con reconocidos profesionales de la danza internacional, incluyendo a Vasily Medvedev, Stanislav Feco, David Makhateli, Yelko Yuresha, Alberto Méndez, Iván Tenorio, Pedro Martín, Fernando Hurtado, Marek Cholewa y Eduardo Blanco.

Esto es importante porque el ballet es una disciplina particularmente internacional. Un bailarín puede entrenarse en Panamá, trabajar con un maestro ruso, interpretar una obra francesa, viajar a México, participar en una gala en Costa Rica y regresar a Panamá para actuar frente a un público local.

La danza prácticamente no necesita traducción.

Panamá y Giselle

Uno de los grandes clásicos asociados al Ballet Nacional es Giselle, una de las obras más conocidas del repertorio clásico internacional.

La compañía panameña ha interpretado Giselle en Panamá y también la ha llevado al extranjero. Más recientemente, el Ballet Nacional realizó una presentación de Giselle en el Teatro Mélico Salazar de Costa Rica como parte de una etapa de mayor proyección internacional.

Es una buena demostración de cómo una compañía nacida en un pequeño país centroamericano puede participar en el mismo repertorio internacional que compañías mucho más antiguas.

El Cascanueces y la Navidad

Si existe una obra que prácticamente se ha convertido en sinónimo de ballet para muchas personas, probablemente sea El Cascanueces.

Panamá no es una excepción. El Ballet Nacional ha presentado esta obra como parte de su repertorio, junto con otras grandes producciones clásicas. En 2019, por ejemplo, más de 8.900 personas asistieron a presentaciones del Ballet Nacional que incluyeron El Cascanueces y galas de Don Quijote, además de otras actividades.

El Cascanueces también demuestra algo interesante sobre el ballet: puede ser una puerta de entrada para personas que nunca han tenido mucho contacto con esta forma de arte. Muchas personas quizá nunca comprarían una entrada simplemente porque quieren “ver ballet”, pero sí pueden estar interesadas en una producción navideña, una historia de fantasía o una salida cultural diferente.

El ballet panameño también sobrevivió a la pandemia

La pandemia creó un problema particularmente complicado para las artes escénicas. El ballet necesita espacios, maestros, música, ensayos y, finalmente, un escenario lleno de gente.

Durante 2020 se suspendieron las actividades presenciales, pero los bailarines del Ballet Nacional continuaron entrenando mediante Zoom. Panamá también participó en el proyecto Unidos por la Danza, junto con compañías de Puerto Rico, República Dominicana, México y Venezuela, permitiendo entrenamientos y actividades de danza a distancia.

Para un bailarín, mantener la condición física y la técnica sin el ambiente habitual de un estudio profesional no es precisamente sencillo. Pero la compañía consiguió mantener parte de su actividad y posteriormente regresar a los escenarios.

Una nueva etapa para el Ballet Nacional

El Ballet Nacional también ha experimentado cambios importantes en su infraestructura. En octubre de 2023 se trasladó a un espacio permanente en la Ciudad de las Artes, después de haber pasado por 19 locales diferentes durante sus primeros 51 años. El nuevo edificio Margot Fonteyn cuenta con salones de ensayo, camerinos, gimnasio, fisioterapia, oficinas, talleres y espacios para vestuario.

Tener un espacio permanente cambia mucho las posibilidades de una compañía. No se trata solamente de tener un lugar donde bailar. Un ballet profesional necesita poder entrenar, preparar vestuario, trabajar físicamente, ensayar y organizar producciones durante todo el año.

El ballet en Panamá hoy

Actualmente, el Ballet Nacional continúa funcionando como parte del Ministerio de Cultura de Panamá. La información oficial de la compañía señala que cuenta con alrededor de 40 bailarines profesionales, además de personal técnico y administrativo. Su repertorio combina ballet clásico, neoclásico, contemporáneo y elementos del folclore panameño.

Y la compañía sigue expandiendo sus actividades. En 2026 participó en presentaciones internacionales y en nuevas iniciativas relacionadas con la danza, incluyendo el Panamá Ballet Fest, organizado por el Ministerio de Cultura en honor a Margot Fonteyn. También presentó por primera vez en Panamá el ballet completo El Corsario y realizó actividades de proyección internacional.

Eso resulta especialmente interesante porque demuestra que el ballet panameño no pertenece solamente al pasado. No es una pieza de museo ni una tradición congelada. Continúa cambiando, formando bailarines, incorporando coreógrafos, viajando y buscando nuevas audiencias.

Una parte poco conocida de Panamá

Para un viajero, el ballet probablemente no sea la primera actividad que aparezca en una lista de cosas que hacer en Panamá. Y precisamente por eso puede resultar interesante.

Panamá tiene una identidad cultural enorme y bastante más compleja de lo que parece desde el punto de vista turístico. Hay música caribeña, tradiciones indígenas, influencias españolas, cultura afroantillana, música popular, arte contemporáneo, teatro, literatura, folclore y también una tradición de danza clásica que comenzó a consolidarse oficialmente hace más de 50 años.

El ballet representa una cara de Panamá que muchos visitantes nunca llegan a conocer.

Mientras afuera pueden estar los taxis, los vendedores, el tráfico, los rascacielos y el calor tropical de Ciudad de Panamá, dentro del teatro puede estar ocurriendo una historia completamente diferente: una orquesta, un escenario oscuro, una bailarina esperando detrás del telón y decenas de personas preparándose para ejecutar movimientos que han repetido miles de veces.

Y quizá esa sea una de las cosas más fascinantes del ballet en Panamá. No parece necesariamente una expresión artística que uno esperaría encontrar en medio de un país tropical centroamericano, pero lleva décadas formando parte de su historia cultural.

Desde aquella primera presentación oficial de 1972 hasta las producciones y giras internacionales actuales, el Ballet Nacional de Panamá representa una historia de aprendizaje, disciplina, intercambio internacional y continuidad cultural. Y para quien quiera descubrir una cara diferente del país, puede ser una excelente razón para mirar más allá de las playas, las montañas y el Canal y descubrir el Panamá que existe sobre un escenario.